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Los restos de los animales y vegetales que vivieron en otras épocas revelaron que en el pasado existieron organismos diferentes a las actuales. Estos descubrimientos han servido de prueba para sostener importantes teorías que tratan de explicar los cambios que la Tierra ha experimentado a lo largo del tiempo.

No hay datos de la existencia de formas vivientes antes de los 500 millones de años, es decir que sólo se conoce "realmente" un cuarto de vida de la Tierra.

Creencias y teorías

Antiguamente se creía que los organismo surgían espontáneamente a partir de combinaciones diferentes de materia en descomposición. Un ejemplo al cual comúnmente acudían los científicos era la aparición "espontánea" de moscas en los desperdicios.

Así la idea que se tenía de la vida que podía surgir sin necesidad de que los antepasados inmediatos transfirieran parte de su materia a los descendientes.

Posteriormente se realizaron experiencias que permitieron demostrar que esto no era cierto.

Las primeras experiencias

Los científicos Redi (1621-1697) y Spallanzani (1729-1799) fueron los primeros en rebatir la teoría de la aparición espontánea.

El primero construyó un dispositivo en el cual las moscas adultas no podían colocar sus huevos sobre la carne y en consecuencia observó que en la misma no se desarrollaban las larvas de las moscas. Spallanzani, por su parte, pudo comprobar que al hervir los recipientes de vidrio no aparecían organismos minúsculos.

Fin de las discrepancias

Tras aquellas primeras investigaciones, Linné (1707-1778), planteó que los organismos de una especia podían dar origen solamente a otro de la misma especie, es decir que un gato no puede dar a luz a un perro y vicerversa.

Finalmente, Pasteur (1822-1895) puso fin a las discrepancias respecto a si había o no generación espontánea. Demostró que la descomposición de la materia tenía lugar en presencia de pequeñas partículas orgánicas (microbios) que al multiplicarse producían la fermentación de la materia orgánica.

El origen de la vida (según Alexander Oparin)

A causa de los microbios

De esta forma quedaba claro que la descomposición de la materia no formaba nuevos organismos sino que ella era el efecto resultante de la actividad microbiana. A partir de esto comenzó a hablarse de la continuidad de la vida y surgieron preguntas en cuanto a cómo ocurría la transferencia de materia de una descendencia a otra.

Oparin, un precursor

A pesar de los adelantos científicos, aún no había logrado descifrarse cómo se había originado la vida sobre la Tierra. Alexander Oparin (1938) propuso en su teoría que la vida es el resultado de una serie de progresiva de reacciones de síntesis, en otras palabras, que los distintos átomos se combinaron entre sí para formar sustancias simples que a su vez originaron sustancias compuestas. Estás al organizarse entre ellas formaron las primeras células.

Las experiencias de Miller

Sumándose a la teoría de Oparin, Harold Urey planteó que alrededor de 4.000 millones de años atrás la atmósfera no contenía oxígeno pero sí poseía metano, amoníaco, hidrógeno y el agua de los océanos. Basándose en la teoría de Oparin y en los estudios de Urey, Stanley Miller (1951), mediante experiencias, descubrió la formación de aminoácidos (glicina y alanina). Estos elementos son unidades que constituyen a las proteínas, las cuales forman parte de la estructura de infinidad de seres vivos.

Un gran hallazgo

En 1953 los científicos Walson y Crick descubrieron la fuente de información de todo ser vivo, la estructura del ADN (ácido desoxirribonucleico). El ADN se transmite de generación en generación mediante la reproducción y permite la formación de las proteínas de los organismos. Otras investigaciones dieron manifestó la presencia de otro ácido llamado ARN (ácido ribonucleico) que también interviene en la síntesis de proteínas.

Dos líneas de investigación

A partir de los estudios de ADN y ARN surgieron dos líneas de investigación. Una de ellas sostiene como materia prima inicial de la vida al ADN y la otra al ARN. No obstante, el ADN no se forma si no es en presencia de unas proteínas especiales llamadas enzimas de la cual descarta la posibilidad que las primeras sustancias precursoras de formas vivientes fueran de esta naturaleza. Por su parte, el ARN es más alentador ya que puede funcionar a su vez como enzima, puede fragmentarse y volverse a pegar y además dar origen al ADN (como ocurre en los retrovirus). Estas investigaciones son sustentadas por W. Gilbert de la Universidad de Harvard y J.W. Szostak del Hospital General de Massachusetts.

El océano, ¿cuna de vida?

Muchos investigadores se inclinaron por suponer que el océano no era una cálida incubadora en la que se formaron los primeros organismos sino que era una masa hirviente de agua. De esta manera, surge otra propuesta: la vida se originó en la superficie sólida terrestre, más específicamente a partir de arcilla. Los cristales de arcilla pueden autoreplicarse para lo cual necesitan tan solo energía solar y dióxido de carbono, también pueden absorber moléculas orgánicas y regular la velocidad de una reacción química (función catalizadora similar a la de las enzimas). Bajo tales pruebas cabe pensar que quizás las arcillas pudieron dar origen al ADN, ARN y a las proteínas.

Un largo camino

Todas las hipótesis de trabajo no dan hasta el presente una respuesta definitiva. En consecuencia, la ciencia de la evolución deberá recorrer un largo camino en busca de pruebas más convincentes.